Categoría: Psicología

Las emociones son parte fundamental de nuestra experiencia psicológica, con dos funciones principales como son la función comunicativa y la función motivacional. La función comunicativa informa tanto a las otras personas como a nosotros mismos de que algo no está funcionando bien, cuando hablamos de emociones negativas como ansiedad, tristeza, enfado… o de que las cosas están marchando bien o muy bien, cuando tenemos sentimientos de satisfacción, alegría, curiosidad… La función motivacional implica que cada emoción nos prepara para ciertas acciones, no las más útiles en el presente, pero sí las más útiles en nuestro pasado evolutivo. La ansiedad nos prepara para la respuesta de ataque, huida o de búsqueda de cuidado, el enfado para atacar y/o defendernos, la alegría nos da energía para aprovechar el buen momento que estemos experimentando, así como la tristeza nos quita las energías y las ganas de hacer cualquier cosa al entender que ha habido una pérdida o no se están obteniendo las satisfacciones vitales esperadas. La culpa nos da el deseo de reparar y la vergüenza de alejarnos y escondernos por miedo a la burla o la censura social.

Cada emoción tiene su sentido y razón de ser, y si combinamos sus tendencias motivacionales con una buena inteligencia emocional, nos ayudan a enfrentar las situaciones vitales a las que nos vemos expuestos, sacar lo mejor de ellos, defendernos, cuidarnos, protegernos… de una manera efectiva.

Sin embargo, cuando experimentamos malestar emocional suele ser porque estamos estancados en alguna de las emociones negativas. Es posible que, debido a que estemos envueltos en una de las situaciones de las que las emociones nos avisan, sin capacidad de salir de ella, o puede que tengamos ciertas creencias limitantes que activen las emociones no porque la situación así lo pida, sino porque nuestra creencia de la situación lo hace.

A menudo es fácil identificar el desencadenante de una emoción, pero cuando hay un malestar emocional más permanente, cuando trascurre más el tiempo o es muy intenso, es más difícil descubrir el origen de ese malestar emocional, o comprender los cambios que tendrían que ocurrir para que desapareciese.

Emociones

«¿Por qué tengo baja autoestima?» Quizás es una pregunta que te ha venido a la mente en muchas ocasiones, pero ¿sabías que la protección de la autoestima es la principal causa de tener baja autoestima? Te lo explico.

Como sabes, con autoestima nos referimos a la visión que tienes de ti mismo, es una valoración subjetiva, aunque basada en tu experiencia de éxitos y fracasos, en la comparación que haces con los demás, en lo que te han dicho personas significativas como miembros de tu familia o amigos…

Todos necesitamos tener una buena opinión de nosotros mismos para funcionar de forma adecuada. Con una buena autoestima confiamos más en nosotros mismos, somos más seguros, más espontáneos, comunicamos mejor nuestras opiniones y sentimientos, tenemos claros los límites que queremos establecer y los ponemos de forma adecuada, estamos en contacto con nuestras necesidades y aspiraciones y hacemos lo posible por satisfacerlas. Además, al tener una buena autoestima, estamos también más abiertos a las experiencias vitales y a las relaciones nuevas. Nos arriesgamos más, nos equivocamos y aprendemos, lo que lleva a un círculo de interacción positiva donde cuando mejor autoestima tengo, más autoestima desarrollo a través de esta apertura en la vida.

Sin embargo, cuando hemos tenido experiencias desagradables, vivencias traumáticas, entornos exigentes o donde no se nos aceptaba tal y como éramos. Cuando los sistemas educativos que aplicaron sobre nosotros usaron más el castigo y señalamiento de nuestros puntos negativos, antes que señalar lo positivo y valorarlo, cuando hemos experimentado el rechazo de los iguales o hemos fracasado en los deportes o los estudios, nuestra autoestima se va minando, y uno de nuestro principales objetivos puede ser proteger el poco autoestima que nos queda.

Para proteger éste autoestima, renunciamos a intentar cosas nuevas por miedo a fracasar, evitamos las relaciones por miedo al rechazo, negamos nuestros deseos y necesidades desde la creencia de que nos los merecemos o seremos incapaces de satisfacerlos. No expresamos nuestras necesidades ni imponemos a los otros. Nos hacemos pequeños para no molestar y para evitar nuevos ataques y rechazos por parte de otras personas. Sin embargo, justo por proteger nuestro autoestima, impedimos que se desarrolle, se queda estancado, se queda bajo, la vida va pasando y nosotros nos salimos de la corriente de la experiencia para evitar lo negativo y nos quedamos también sin lo positivo. Sin el crecimiento personal, sin el aprendizaje, sin el éxito…

En terapia, para trabajar el autoestima de la persona, lo primero que se necesita es un entorno empático, validante y no juzgador. Debes tener un entorno de seguridad en donde poder hablar y trabajar sobre tus heridas emocionales. Poder descubrir y conectar con las situaciones que te dañaron e hirieron y poder entender y aceptar las maniobras de protección que desarrollaste. Entender tus defensas psicológicas y comprender el sentido que tuvieron en su momento y cómo en el momento actual están funcionando más como obstáculo que como protección.

Una vez descubiertas y entendidas tus defensas, se necesita conectar de nuevo con tu auténtica identidad, con tu verdadero ser, comprender tus deseos y necesidades, aquellos que quizás están reprimidos bajo la creencia de que no eres merecedora de ellos, o quizás te los has negado a ti misma como forma de no sufrir, desde una aceptación autoimpuesta que puede ser útil en muchas situaciones, pero que puede ser horrible cuando se hace desde un bajo autoestima.

La conexión de nuevo con tu verdadero ser y el derrumbamiento de las defensas favorecerán que tu autoestima pueda desarrollarse de nuevo libremente, que vuelva a crecer en base a experiencias exitosas, sentir que tienes el dominio de tu vida, que tienes virtudes y a habilidades, que eres merecedora de afecto y amor. En este punto en terapia también te acompaña, es el momento de ponerte a prueba, de hacer cambios en ti y en tu forma de relacionarte con el mundo, pasar a ser más espontánea, más auténtica, más abierta a la experiencia…

La forma de desarrollar un autoestima alta implica dejar de proteger el propio autoestima, de ahí que se necesite cierta valentía para atreverse a dar el paso. Por ello también la necesidad de hacer el proceso en un entorno terapéutico de seguridad.