En realidad no es cierto que a las personas egoístas les vaya mejor que a las personas que no lo son. Podría ser incluso al contrario. Aunque es cierto que la experiencia subjetiva expresada en la frase “De buena persona, soy tonta” es posible que haga referencia a cierta psicología intuitiva que señala la percepción de que, el aportar y priorizar a los demás acaba yendo en tu perjuicio, lo que no ocurriría si te dieses más prioridad a ti que a las demás personas. No obstante, es posible que a ambos extremos del continuo les pueda llegar a ir igual de mal. La persona desprendida que lo da todo, acepta todo y se pliega a todo, puede que acabe sufriendo tantas consecuencias negativas como la persona que no da nada, no acepta nada, ni cede, ni se pliega a nada ni a nadie.
¿Quieres saber qué hay de verdad en la expresión “de buena soy tonta” o en la creencia de que a las personas egoístas les va mejor? Te lo cuento.
Las relaciones interpersonales están llenas de conflicto. Desde la relación de pareja, a una amistad íntima, compañeros de trabajo o de actividades lúdicas y deportivas, todas ellas pueden generar discrepancias en relación a lo que se da y se recibe. Cada persona dentro de una relación va a tener una serie de intereses en la misma. No hay relaciones libres de éstos intereses. Incluso las relaciones más basadas en el cuidado del otro, como las que tienen los progenitores con sus hijos, están plagadas de estos conflictos, aunque sea el deseo de que el hijo se ponga una chaqueta para que no pase frío, o el conflicto entre el tiempo de uso de pantallas que cada uno considera ideal.
Hay personas que con el objetivo de que la relación quede libre de conflictos y fluya libre, renuncian a sus propios deseos y necesidades dentro de la relación. Sólo importan los deseos del otro, ya sea su madre, su pareja, su amiga, o su jefe… Ellos piden y la persona da. Todo el mundo tiene buena opinión de éstas personas, y si les añades un carácter alegre son la persona ideal para los demás. El problema es que sus niveles de felicidad y bienestar subjetivo van a depender mucho de la suerte que tenga de que las necesidades de los demás coincidan con las suyas, y eso es algo poco probable. Son personas que acaban experimentando tristeza, ansiedad, baja autoestima, niveles altos de estrés… Cuando acaban deprimidas sorprenden a todo el mundo incluso a sí mismas “con lo feliz que se la veía, con muchas amigas, su pareja, buen trabajo, buena relación con su familia…”. Y esto en el mejor de los casos, porque a veces la gota que colma el vaso es directamente la sensación traición… el jefe que no te sube el sueldo porque creía que estabas contenta, la amiga que se va de viaje con otro grupo de amigos, la pareja que pasa más tiempo con amigos que contigo, los padres que apoyan más a otro hermano…
En el otro extremo están las personas que saben lo que quieren y no tienen problema en pedirlo, en exigirlo, en enfadarse si no lo consiguen y en expresar bien claro ese enfado… El plan que ellas tengan es el que hay que hacer, pues es el mejor, el más conveniente, el más divertido, el más racional… Y de primeras suelen salirse mucho con la suya. Quizás no son las personas más valoradas, y puede que tengan fama de carácter fuerte o mal genio, pero es cierto que al principio su espontaneidad, transparencia y seguridad las hace atractivas y se les suele dar lo que piden. Es sólo al transcurrir del tiempo que las otras personas se pueden acabar cansando de su egoísmo y alejarse de ellas.
Así que al final, tanto la persona que es “de buena, tonta” como la persona egoísta, acaban sufriendo consecuencias en el medio o largo plazo. Ninguna de estas dos estrategias relacionales es realmente saludable.
Por un lado, si quieres algo, debes pedirlo tú y luchar por ello. Por otro lado, si siempre impones tu voluntad o reaccionas con enfado u otras emociones ante la negativa, el riesgo de ostracismo es alto.
¿Cuál sería entonces la actitud relacional ideal?
Seguro que ya sabes cuál es la solución a estos conflictos, incluso aunque no sepas ponerle un nombre bonito. Es la estrategia del “Altruismo Recíproco” El toma y daca de toda la vida. Hoy por ti, mañana por mí. La estrategia del Altruismo Recíproco implicar dar, pero también recibir. Implicar pedir y expresar las necesidades y deseos de uno, y satisfacer las de la otra persona. E implica también algo que es importante y suele costar ver: dejar de dar cuando se pide y no se recibe, o al menos ajustar lo dado a lo recibido. Y no necesitamos hacerlo de forma racional y planificada, nuestras propias emociones nos informan de una situación injusta, o de la alegría de compartir con un buen amigo, así que sólo hace falta estar en contacto con nuestras emociones y revisar que estén haciendo bien su trabajo.
Así que, no es que a las personas egoístas les vaya mejor, sino que a las personas que son capaces de reclamar lo que les corresponden les va mejor, pero siempre y cuando estén también dispuestas a dar cuando toca su turno. Pero el que no reclama, el que no pide, el que sólo da sin pedir, sí está destinada a ser colonizada por las necesidades y deseos de las otras personas, por bondadosas que éstas últimas sean.
